En plenas competencias deportivas de la actualidad, el deporte se parece cada vez más a un espectáculo (o reality show) que al deporte en sí. Todo es seguido por cámaras de alta resolución: especialmente en los deportes mas convocantes, la cantidad de cámaras sorprende y el monitoreo constante de los deportistas llega, prácticamente, a cada detalle (muchos de ellos imperceptibles al ojo humano).
Todo queda registrado. He aquí que se analiza hasta el más mínimo detalle: análisis de datos, analista de video, la introducción de la Inteligencia Artificial dentro de la disciplina deportiva, cámaras grabando la misma jugada desde diferentes ángulos y mucho más.
La industria del deporte ha crecido exponencialmente en las últimas décadas y prueba de ello, es que también hay cámaras que van más allá del mero campo de juego: se muestra incluso lo que ocurre en la intimidad del deportista o de los equipos: lo que ocurre en los vestuarios, las conversaciones, la charla técnica del entrenador. Hasta hay documentales sobre algunos entrenadores haciendo pública las charlas con sus jugadores, qué se dicen, cómo lo dicen, entre otros detalles.
La táctica se ha neutralizado: hoy cualquier equipo rival conoce al milímetro al oponente: sus patrones, fortalezas, sistemas, debilidades.
Debido a esta gran cantidad de conocimiento e información sobre los equipos, es cada vez más difícil sorprender a los rivales, innovar, hacer cosas distintas para marcar la diferencia y eventualmente, ganar.

Y ante este escenario, la ventaja física, táctica o técnica se ha neutralizado de tal manera, que entonces surge una pregunta inevitable: ahora, ¿dónde se decide de verdad quién gana: fuera o dentro de ti?
Y ahí está la clave: el verdadero margen de victoria se ha desplazado hacia lo que no se puede medir. El secreto permanece oculto en lo invisible; y por invisible hacemos referencia al entrenamiento de aquellos atributos internos del deportista como pueden ser: sus pensamientos, sus emociones, su capacidad para inventar y sorprender, su imaginación y creatividad, su fortaleza mental, su diálogo interno, su capacidad de respuesta tras el error, su toma de decisiones bajo presión, su disciplina interna, entre otros.
«La diferencia está en lo invisible:
el entrenamiento interior.»
Debido a la complejidad actual para sorprender desde lo físico, táctico o técnico (lo que todos ven y conocen), ahora la diferencia pasa por lo que no se puede ver ni medir: el mundo interno del deportista, capaz de mejorar considerablemente el rendimiento del deportista y llevarlo a la victoria.
Cuando el talento físico se iguala y las tácticas son minuciosamente analizadas, los deportistas que entrenen y mejor gestionen su mundo interno marcarán la diferencia.
¿Qué cambia en ti después de esto?

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