Entrenar también es pensar.
El siguiente texto nos invita a bajar un poco la velocidad de nuestro día a día, a crear espacio para la reflexión, para pensar más profundidad e ir más allá del entrenamiento del cuerpo, físico, táctico, técnico. Este ejercicio, nos invita a ponernos «en modo observador» de nuestra propia vida y tomar consciencia sobre la forma en que vivimos: nuestras creencias, hábitos, patrones, preferencias, pensamientos, emociones.

En el deporte como en la vida, no solo se trata de entrenar el cuerpo y repetir movimientos. También avanzas cuando te paras a pensar, cuando te permites hacer ese espacio interior para reflexionar, para observar, para sentir, cuando te preguntas o cuestionas qué está pasando dentro mientras haces tus actividades.
Y en ese parar, como cuando alguien aprende un campo nuevo, es importante ampliar o simplemente recordar palabras, qué funciones tienen y qué significan para nosotros. Más aún, podemos repensar la misma palabra desde otro lugar, desde una perspectiva más amplia, una que tal vez antes no podíamos ver, para justamente elevar la consciencia y ampliar nuestros horizontes.
Las siguientes, no son solo palabras, son estímulos, cargas internas, que si se trabajan conscientemente y con actitud pro-activa, nos transforman.
PALABRAS QUE ENTRENAN POR DENTRO
Están ahí para ser experimentadas. Léelas como una mirada nueva, como si entraras por primera vez a un gimnasio o practicaras tu deporte por primera vez; observando, sin juicios, sin expectativas, con una curiosidad casi infantil y respeto por el proceso.
TIEMPO: el factor que nunca vuelve.
DISCIPLINA: el educador invisible.
FUERZA: no solo muscular, sino la interna que te levanta cuando fallas.
CONFIANZA: reforzar esa creencia incluso cuando no hay garantías.
VALENTÍA: hacerlo con miedo y exponerte al error.
CORAJE: el impulso a actuar a pesar del miedo.
PRESENCIA: aquí y ahora, estar en el cuerpo, despierto con todos los sentidos.
RESILIENCIA: la fuerza interna que te permite continuar a pesar de las adversidades.
INTEGRIDAD: recordar que tú te estás viendo.
PACIENCIA: saber esperar y respetar los tiempos es una habilidad invaluable.
VULNERABILIDAD: reconocer los límites para poder transformarlos y superarlos.
EQUILIBRIO: el flujo armónico entre tracción y contracción. Aplica a todo en la vida.
VITALIDAD: energía intrínseca que se debe construir si no se tiene naturalmente.
CLARIDAD: se obtiene en una mente calma.
AUTENTICIDAD: ser tu mismo a pesar de los demás.
TRANSFORMACIÓN: el resultado de tu mejora constante.
CONEXIÓN: armonía entre cuerpo, mente, emociones, valores y dirección.
PROPÓSITO: la brújula en la confusión.
Cada palabra es una repetición interna que puede llevar luz a nuestra zona invisible y así mejorar como deportista y ser humano.
Igual que en el entrenamiento del cuerpo, cada repetición deja huella.
Detente por un momento a observar qué pasa dentro mientras las examinas.
Escribe lo que sientes después de reflexionar sobre estas palabras.
Dibuja lo que no puedas explicar.
Pon nombre a lo que te cuesta sostener.
Intenta buscar verdades que te sean útiles, que te puedan llevar a evolucionar como deportista y ser humano.
Como todo entrenamiento deportivo, cuando entrenas el pensamiento consciente te conviertes en un ser más elevado.
¿Cuál de ellas estás evitando entrenar?
¿Cuál te está pidiendo atención?
¿En quién te estás convirtiendo a través de tu práctica diaria?
El verdadero potencial se construye cada día entrenando tus cimientos internos.
