Estos tiempos piden estar lo suficientemente abierto como para cambiar de opinión.

Al ser tiempos tan veloces, la realidad es muy cambiante y este ejercicio de «cambiar de parecer» cobra mas sentido que nunca.
En el pasado, sostener una opinión era señal de determinación y convicción. Ahora, al estar inmersos en un presente que cambia constantemente, tal vez ya no sea una buena estrategia.
Hoy en día, entrenar «la flexibilidad cognitiva» – nuestra capacidad para ajustar nuestras ideas o pensamientos frente a nueva información – es una habilidad crítica para la toma de decisiones eficaz.
Mantenerse abierto a cambiar de opinión no es un síntoma de debilidad o falta de convicción como lo podía ser en el pasado; por el contrario, es una muestra de madurez intelectual. Prueba de ello, las organizaciones más innovadoras prosperan cuando sus líderes fomentan una cultura donde el aprendizaje supera al ego, o a las ideas fijas.
Aferrarse rígidamente a creencias obsoletas o fijas en tiempos tan cambiantes, puede limitarnos nuestra capacidad de adaptación y perdernos oportunidades de mejora.
Adoptar una actitud de apertura implica realizar un esfuerzo consciente por separa nuestra identidad de nuestras ideas.
Cuando tomamos una actitud de apertura al cambio y no nos resistimos a lo nuevo, podemos evaluar los datos objetivamente, poniendo en consideración perspectivas divergentes y pivotar cuando el contexto así lo demanda.
Para mirar de esta manera, también es importante dejar el ego a un lado, para tomar mejores decisiones.
Como reza el viejo adagio: «no sobrevive el más fuerte, sino el que más rápido se adapta».
Por tanto, cambiar de opinión ante la evidencia, es el recurso más poderoso para el crecimiento personal y el éxito colectivo.
La verdad última, en definitiva, no reside en saberlo todo, sino en ser lo suficientemente audaz como para adaptarse a la nueva realidad.
Recordemos: el árbol que no se dobla con el viento, se rompe.

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