El ejercicio de visualización es muy poderoso ya que el cerebro registra mucha más información visual que de texto, de ahí el «una imagen vale más que mil palabras».
Cuando, por ejemplo, realizamos un ejercicio de «visualización creativa» cerrando los ojos e imaginando «nuestro dibujo mental» de lo que queremos para nuestra vida, en ese momento el cerebro impregna imágenes muy nítidas y claras de lo que para ti es importante. A partir de ahí, el cerebro entiende que «eso» es importante y es allí donde pondrá su foco de atención.
De esta manera, estás activando el S.A.R. (Sistema de Activación Reticular).
Por este motivo, es de vital importancia «visualizar» el proceso entero y no solo el final – ese podio alcanzado, el aplauso de la gente o el reconocimiento social.

Visualizando solo el dulce final, hace que cuando llegue el momento difícil del proceso como «trabajar duro, sudar más de la cuenta o levantarte a las 5 de la mañana, el cerebro no esté familiarizado y lo vivirá como algo «desconocido» y nada familiar, de ahí que pueda percibirlo como un peligro o una experiencia de miedo.
Si en cambio, «visualizas creativamente» la película completa, observándote en cada uno de los pasos con todo lujos de detalles: sintiendo la adversidad, observando la dificultad con sus olores, sabores, colores o personas, allí, el cerebro interpreta esa imagen como «una experiencia real». Además, si te imaginas, por ejemplo, tecleando a las 7 a.m., o cuando el cliente te rechaza, o lidiando con tu frustración por haber cometido un error, o entrenando muy duro sin testigos, y sigues, empiezas a entender que es ahí precisamente (en situaciones de dolor) donde se ganan los partidos, los triunfos, las experiencias.
Allí es donde entrenas el músculo real: la resiliencia.
Cerrar los ojos es el primer paso para abrir la verdadera visión.
En este maravilloso ejercicio, no solo «ves» el éxito final, sino que «vives el camino entero», y cuanto más lo entrenes más familiar te resultará.
Por supuesto, eso hace que la experiencia real sea más fácil, ya que para el cerebro «ese momento ya resulta familiar». No es magia.
Tu sistema nervioso ya lo ha «vivido» antes, y por este motivo, no se activa el peligro o situación de pánico.
Es como que ya has hecho el ensayo general. De aquí que sea tan importante el «practicarlo».
Al ser tan potentes estas visualizaciones creativas, los atletas de élite no solo se imaginan ganando trofeos o títulos, sino que se ven así mismos sudando en el gimnasio, entrenando sin testigos, equivocándose, ajustando la técnica, cometiendo grandes fallos, madrugando para estar preparado.
Todo esto hace que el «trabajo duro» deje de ser enemigo y se convierta en una rutina, disfrutando más del camino.
Ahí conviertes «el trabajo duro en trabajo amigo».

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