En lo desconocido hay más de ti.

Cualquier habilidad o cosa que nos proponemos aprender al comienzo empieza siendo incómoda hasta que, con el tiempo y la práctica, éstos se vuelven más habituales.

Empiezas en la zona incómoda y luego, se vuelve más común en tu vida. Hay un poder muy grande cuando habitas en lo desconocido.

Las personas crecemos en la fricción, en la dificultad, fuera de nuestro entorno familiar, no en la comodidad Ahí es cuando comienza nuestro desarrollo personal.

La biología humana está diseñada para que habitemos en nuestro confort y así (en lo conocido) el cerebro puede ahorrar energía. Por esta razón, es nuestra tarea hacer conscientes estos automatismos y generar consciencia si deseamos desarrollarnos más allá de lo que ya conocemos e ir más allá de lo que ya somos.

Recuerda que hay más confianza cuando sabes que «en lo desconocido hay más de ti».

Al traspasar la frontera de lo que nos resulta familiar, es muy poderoso porque seguramente «en lo desconocido hay más de ti».

En la zona de seguridad, operas con respuestas automáticas y patrones repetitivos, heredados o inconscientes. En cambio, cuando te adentras en lo desconocido, allí es donde las certezas fallan, el control flaquea y te encuentras con tus verdaderos límites, tus miedos reales y tu capacidad de resiliencia.

Lo desconocido actúa como espejo de tu carácter, facetas que permanecen ocultas en la comodidad.

Nuestra zona de seguridad es un territorio predecible y energéticamente económico donde opera el piloto automático, ya que prácticamente es un andar casi sin pensar. Aunque es útil en ciertas situaciones, la comodidad prolongada atrofia la capacidad de adaptación, de autoconocimiento y de practicar tu flexibilidad ante lo nuevo.

Por el contrario, cuando te enfrentas a nuevas experiencias vitales (lugares, cosas, habilidades, ideas, perspectivas), eso mismo te expone a la incertidumbre y al estrés voluntario, forzando al cerebro a generar nuevas conexiones neuronales (nuevas formas de ver y entender el mundo), como también ensanchas tu umbral de resistencia, al mismo tiempo que redefines tus propios límites.

Al darle nueva información, el cerebro se ve obligado a adaptarse y reeducarse ante la incomodidad física o mental. Al romper con lo viejo y procesar nuevos estímulos, obtienes una comprensión del mundo mucho más amplia y profunda.

Cualquier salto cualitativo exige para un precio: hacerte amigo de la incomodidad. Cuando dejas de huir de aquello que te incomoda (pero que sabes que te hace bien a largo plazo), educas a tu cerebro a familiarizarte con la dificultad de ahora, pero tu crecimiento de mañana.

La comodidad te mantiene igual, lo desconocido es el camino real para descubrirte y rediseñarte.


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