Cuando un equipo pierde y prestas atención a sus declaraciones, suelen comentar cosas como: «Nos faltó concentración», «No manejamos la presión», «Nos pusimos nerviosos en el momento clave». Si reflexionas sobre esas declaraciones, se hace evidente que las razones de la derrota casi nunca son técnicas: son mentales, son emocionales, el no gestionar el estrés, la ansiedad, la toma de decisiones bajo presión o caer en la provocación del rival. Todas ellas, son habilidades blandas que nadie entrena sistemáticamente, pero que todos reconocen como decisivas cuando pierden. Es espectacular: admitimos que nos falló lo que nunca practicamos.
EL ÉXITO ES OTRA LIGA CON EXIGENCIAS MAYORES.
Imagina que entrenas esas habilidades con la misma seriedad que un corner. ¿Qué pasaría si tus jugadores practican mantener la concentración bajo presión igual que practican controlar un balón? Los equipos invierten muchas horas perfeccionando movimientos técnicos, pero dejan al azar las herramientas que determinan si esos movimientos se ejecutan bien cuando el marcador está ajustado y quedan cinco minutos. La diferencia en el deporte hoy no está en la pizarra, está en la gestión de la adversidad, de la presión, de la frustración, cuando el árbitro se equivoca, cuando el rival anota primero.

El deporte actual se ha profesionalizado a tal punto que la ventaja competitiva se encuentra oculta en esas «habilidades que no se ven» pero que te ganas partidos y campeonatos. Son el factor que inclina la balanza cuando el nivel técnico es parejo. Mientras unos equipos creen que «la mentalidad se tiene o no se tiene», otros entrenan cómo mantener la calma, cómo recuperarse rápidamente después de fallar un penalti, cómo comunicarse bajo presión. Y esos equipos ganan. No porque tengan más talento, sino porque dominan lo que los demás dejan al azar.
Entrenas lo físico, pero pierdes por lo mental.
¿Cuántas horas dedicas a entrenar lo que realmente te hace perder?
