Vivimos rodeados de distracciones, pantallas, notificaciones y estímulos externos y eso nos hace desviar la atención de lo verdaderamente importante para nuestro bienestar: escuchar la sutileza de nuestro propio cuerpo.
Como si fuese un termómetro silencioso, el cuerpo registra todo nivel sensorial: cada emoción, cada exceso, cada carencia, cada pensamiento y cada experiencia que vivimos, enviándonos constantemente señales que merecen ser escuchadas o escaneadas.
Además de ser nuestra estructura física, es un auténtico termómetro de nuestro bienestar. A través de sensaciones, emociones y pequeños cambios de energía, nos envía señales constantes sobre lo que «deberíamos» atender. Un cansancio persistente, una tensión muscular o esa respiración acelerada suelen ser mensajes que merecen atención y escucha.
El cuerpo es un sensor fiable que nos avisa cómo está nuestro cuerpo y en tal caso, qué parte necesita atención y cuidado.
Sin embargo, en esta vida acelerada del mundo moderno, es común y hasta «normal» ignorar o pasar por alto estas señales. Dedicar unos minutos a escanear nuestro cuerpo, observando cómo nos sentimos física y emocionalmente, nos ayuda a detectar desequilibrios antes de que se conviertan en problemas mayores. El cuerpo suele percibir lo que la mente todavía no ha identificado.
Escanear y escuchar nuestro cuerpo es un ejercicio ideal para nuestro biesnestar.
Desarrollar la capacidad de «escucharlo» es una forma de auto-cuidado y conexión con nosotros mismos. Cuando prestamos atención a sus mensajes, lo empezamos a ver como «un gran maestro»: podemos descansar cuando lo necesitamos, gestionamos mejor nuestras emociones y tomar decisiones más alineadas con nuestro bienestar. El cuerpo siempre nos habla: la clave está en detenernos lo suficiente para oírlo.
A través de prender a «escanear y escuchar nuestro cuerpo es otra maravillosa forma de aprender de vivir.»
Si tu cuerpo pudiera hablarte con palabras, ¿qué crees que te diría hoy?

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