¿Por qué algunos se conforman con poco y otros aspiran a más?
No se trata de clasificar de conformista o ambición e incluso avaricia, no tiene que ver que esa mirada externa; muy por el contrario, se trata de mirar la situación desde el interior del deportista, de cuánto se permite, de hasta qué donde se permite pensar que algo es posible o no, hasta donde cree que puede llegar, de lo que en el fondo considera posible para él o ella.
En este punto es preciso recordar, que lo que el deportista cree posible define el tamaño de su vida y en la mayoría de las veces, ese tamaño es mucho mas pequeño de lo que realmente podría abarcar. Es poner luz sobre esa creencia, a veces inconsciente, de hasta donde llegan tus límites silenciosos, hasta donde te permites llegar, soñar o simplemente disfrutar; de ese vocesita que susurra: «esto es demasiado, esto no me lo puedo permitir, esto es avaricia». Ya que, al permitirte reflexionar sobre estas creencias, tal vez caes en cuenta que no es la realidad la que te frena, sino la medida que tú mismo a lo que crees que puedes ganar, lograr o tener.

«Un techo invisible».
Cada persona tiene sus propias límites internos, como si fuese «un techo invisible», todos los tenemos, aunque no lo veamos. No es un límite físico, una barrera como tal, es una medida interna, «una marca que consideras aceptable», lo permitido, lo razonable o suficiente. Un muro construido ladrillo a ladrillo con frases, palabras o pensamientos repetidos en el tiempo desde que eras un niño, y claro, ese niño era demasiado pequeño para cuestionarlos.
Cuando nos detenemos a pensar en nuestra, empezamos a ver que hay un sinfín de frases, ideas o creencias, que si más adelante en el tiempo, no las cuestionamos se convierten en verdades absolutas; ideas como «el dinero es malo, no te hagas ilusiones así no te decepcionarás, la gente como nosotros no puede permitirse algo así». Y así cada niño tendrá las suyas propias. Conforme va pasando el tiempo, cada una de estas frases quedó grabada, «impresa en el inconsciente» como una pequeña frontera mental que dice: «hasta aquí puedes llegar».
Sin embargo, llegados a este punto debemos recordar una cosa: lo que ni te cuestionas, no te lo permites, no lo buscas y lo que no buscas no llega. Tu mente nunca va a ir detrás de lo que no crees posible, ni siquiera lo contempla como una posibilidad, ni se lo imagina, para nada es una opción. Debido a esto es que muchas veces no tienes más, es que directamente no lo has considerado como una opción real, no te lo has permitido desde el punto de vista de la raíz emocional, desde esa sensación interna que dice: «esto no es para mí, esto es demasiado».
Sentirte «fuera de lugar» no siempre tiene que ver con el entorno, sino con el nivel al que te permites jugar. Igual que un deportista entra por primera vez a un gran estadio y siente que el escenario «no le pertenece», muchos jugadores sienten que tal vez no están a la altura del club al que representan. Si están allí seguro que no es por falta de recursos, sino falta de permiso interno. En el deporte, al igual que en la vida, ningún deportista puede sostener un rendimiento que su identidad no está preparada para aceptar. No se trata de técnicas sino de auto-concepto: sentirse inseguro, incómodo o con temores ante la falta de «permiso interno».
En Coaching Deportivo, se trabaja en la actitud: no lo que deseas, sino lo que te permites desear. Muchos atletas entrenan fuerte, pero se frenan cuándo el éxito es «demasiado grande», «demasiado bueno», «demasiado para mí».
La clave no es esforzarse más, sino ampliar tu espacio interno, lo que te permites en tu fuero interno: jugar en categorías superiores sin culpa, sin miedo a no encajar, no escuchando a la versión pequeña de ti que te intenta frenar. Pregúntate: ¿qué resultados, qué escenario, qué victorias te parecen demasiado? Ahí empieza tu techo mental; y cuando lo identifiques, desafíalo, cuestiónatelo. Porque nada cambia hasta que te das permiso y te ves competir – y ganar – más allá de tu propio límite interno.
¿Te has parado a pensar donde está tu techo invisible?
Recuerda, tu límite está en lo que te permites creer posible.
