Respira antes de decidir.

La actitud se entrena.

La actitud NO es algo que se «trae de fábrica». Existe la creencia de que: «o tienes actitud o no la tienes». La actitud es «entrenable» como cualquier otra habilidad, no es un rasgo fijo de personalidad.

Efectivamente, la actitud es una decisión repetida. No es un sentimiento mágico que aparece y permanece. La persona debe conscientemente elegir cómo responder ante las diferentes circunstancias: ¿cómo reacciones ante la derrota?, ¿estás cansado pero aún quedan 15 minutos de juego?, ¿algo no te sale: te frustras o buscas soluciones? Estas respuestas se entrenan y practican igual que un pase o un tiro.

Actitud también es disciplina, respeto y profesionalidad.

La actitud se modela con el ejemplo mas que explicar con palabras y la mejor manera de enseñarla es predicar con el ejemplo. Esta es una de esas habilidades que se contagia más que se enseña con palabras; de la misma manera, la actitud no se forma en entrenamientos cómodos, se refuerza cuando estás perdiendo y decides seguir presionando, estás ganando y mantienes la intensidad o fallas y vuelves a intentarlo inmediatamente.

Por este motivo, es de vital importancia reforzar la actitud incluso en los pequeños gestos: celebrar el esfuerzo, no solo el resultado; reconocer la mejora incremental; cuando se acostumbra a nunca bajar los brazos; como también hacer visible el progreso sostenido: «hace 3 meses no aguantabas este ritmo»).

Pero… hay un «PERO»

Evidentemente no todos aprenden al mismo ritmo. Ciertos deportistas provienen de un entorno familiar más exigentes, que fomentan la superación y que son modelos a seguir, mientras que otros no tienen la misma suerte, por que las experiencias vividas influyen a la hora del aprendizaje y refuerzo de esta cualidad indispensable en el deporte y la vida. Esto no significa que no puedan aprenderlo, simplemente que se necesitan más repeticiones, más refuerzo y mas paciencia.

El POR QUÉ de un deportista será clave para sostener una buena actitud, una actitud pro-activa. Sin un por qué claro, la actitud decae. Por esto, LA ACTITUD REQUIERE PROPÓSITO.

«ACTITUD ENTRENABLE : no es lo que sientes, es lo que decides hacer a pesar de lo que sientes».

Y eso se entrena, como todo en el deporte y en la vida.

Entrenas tu cuerpo, ¿pero estás entrenando tu actitud?

La ACTITUD también se entrena. Cada día.


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