Observa para aprender.

Este clásico literario del mundo deportivo, en primer lugar nos recuerda el poder de la imagen: que el cerebro aprende mejor a través de las imágenes y no tanto por las palabras. Al cerebro le encantan las imágenes y le cuesta más entender teorías complejas. Así mismo, el lenguaje crea sus propias trampas mediante teorías complejas o instrucciones verbales abstractas, las cuales solo interponen miedo entre la intención de ejecutar y el acto de hacer realmente.

Observándote, te mejoras.

El lenguaje natural del cerebro son las imágenes. Es como si su lengua materna del aprendizaje instintivo fueran las imágenes sensoriales y la experiencia pura, tal como opera el cuerpo sin interferencias.

Otra punto clave que recomienda el libro, es mirar con nuevos ojos: a la hora de aprender un nuevo hábito o habilidad, hacerlo como lo haría un niño, mirando con ojos nuevos, asombrado, con total atención y observando sin juicio. Solo presencia, con total naturalidad.

Habitualmente, ante nuevos escenarios, más tarde o más temprano, la mente nos empieza a sabotear de una u otra manera y eso solo genera desgaste. En este punto, te haces conscientes de que tu mayor obstáculo no está fuera, sino en el diálogo interno constante de entre tu y tu mente (en ese ida y vuelta).

Otra idea clave que propone el libro es, ver la realidad tal como es, sin culpas ni distorsiones; esta perspectiva es central para eliminar la ansiedad y desbloquear tu verdadero potencial. Para ello, debemos ser conscientes de nuestro propio juicio interno (en lugar de etiquetarnos, o simplemente la realidad «debería ser esto o aquello»), y cambiarlo. El exceso de control y la autocrítica sabotean nuestro potencial.

Otro aspecto fundamental del que habla, es la concentración relajada, que surge cuando la mente se ve atraída de forma natural por el interés, fluyendo sin tensiones innecesarias. Es por esto que, aprender nuevos hobbies o habilidades que capten nuestra atención, es vital para fortalecer el cerebro y mantenerlo en forma.

Una mente concentrada y enfocada en su atención, «filtra y olvida» todo lo demás, absorbiendo por completo lo que importa aquí y ahora.

Al igual que un deportista agudiza su tacto para evolucionar su juego, desarrollar tu propia sensibilidad corporal (sensibilidad interna) en cualquier disciplina acelera de forma radical la adquisición de destrezas: ejemplo de esto pueden ser la consciencia corporal, tu postura, cómo sientes tu mandíbula, tu respiración, beber agua con atención plena (distintas formas de hacer un escaneo sensorial).

El verdadero aprendizaje nace de la concentración relajada, de habitar el presente y de dejar que el cuerpo fluya sin forzar los resultados, sin fuerza rígida, con con silencio, elegancia y atención. Este proceso se acelera cuando te rindes al presente y sueltas el control.

La experiencia personal siempre tiene que ser mucho más poderosa que cualquier idea, maestro o dogma externo; la propia experiencia directa al ensayar, sentir y ajustar cada movimiento es lo más importante.

Para finalizar, la luz de la consciencia es crucial: solo la consciencia libre de juicio actúa como una energía pura que ilumina nuestras acciones, siendo una pre-condición indispensable para cualquier cambio real.

Recuerda: «el espejo no juzga, solo muestra».


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