Si conceptualizamos al deportista como un sistema complejo encontramos la analogía perfecta en la tecnología donde el hardware y el software se fusionan para definir el rendimiento y eficacia en su conjunto.

El hardware del deportista comprende su arquitectura física: la condición física inherente, el entrenamiento físico constante que moldea su cuerpo, y la salud general que sustenta su capacidad de ejecución. Es la base visible, el que impulsa la acción: su entrenamiento físico, los resultados que logra. La parte tangible del deporte.
Sin embargo, en un mundo deportivo tan competitivo como el actual, debemos hacernos la pregunta fundamental: ¿y cómo está mi software? Formularnos esta pregunta es clave porque allí reside el potencial oculto del deportista del Siglo XXI. Sí, es en nuestra parte intangible donde habitan nuestras creencias, patrones de pensamientos, miedos, inseguridades, stress, ansiedad, toma de decisiones, el ego, el diálogo interno, entre otros.
La verdadera potencia y la trascendencia residen en el software intangible, ese conjunto de habilidades y hábitos que nutren el rendimiento y la vida personal. Este conjunto de habilidades blandas, a través de un proceso de autoconocimiento, lo que verdaderamente dará potencia a ese hardware.
Más allá del entrenamiento físico y los resultados, trabajar sobre el «software deportivo» del atleta es esencial en este Siglo XXI. Esto abarca el entrenamiento mental, el desarrollo de la gestión emocional, la resiliencia que permite sobreponerse a la presión, el fracaso, a la derrota, a la crítica, entre otros muchos aspectos.
¿Eres consciente de la importancia que tiene tu «software» sobre tu performance?
¿Estás actualizando tu software constantemente para optimizar tu rendimiento?
¿Qué diría tu «software actual» de tu versión actual?
Una vez que «llegas» el trabajo se pone más difícil. Ahí tu «software» marcará la diferencia.
