En el deporte, como en la vida misma, tu recuperación es tan importante como tu rendimiento.
Tradicionalmente, nos han enseñado a hacer todo el tiempo. Sin embargo, nunca nos han enseñado la importancia que tiene descansar adecuadamente.
Hasta llegamos a subestimar el poder oculto que posee una buena calidad en el descanso: descansas bien, rindes al mismo nivel.
Independientemente de lo que hagas en tu vida, seguro lo haces con toda tu energía, entregando lo máximo que tienes.
Además, cuanta más presión tienes, más energía gastas. Y por esto se vuelve tan importante la recuperación para el día siguiente.
El pleno descanso es indispensable y más en tiempos donde nos vemos bombardeados de distracciones y de «mejores cosas para hacer» que recuperar fuerzas y energías.
Si no respetas tu recuperación, siempre «habrá mejores cosas que hacer».
Sin embargo, si continuas haciendo cuando deberías estar descansando, no le estarás dando a tu cuerpo y mente la recuperación que tanto necesitan para funcionar en su estado óptimo. Ambos necesitan ese tiempo y espacio para reponer fuerzas y energías.

Y en ocasiones, descansamos física pero no mentalmente.
En la era tecnológica, estamos bombardeados de estímulos constantemente, por eso la recuperación profunda también debe ser mental y sensorial, libre de pantallas y distracciones. La mente necesita de la quietud total: apagar la exposición constante de estímulos digitales para que el cerebro realmente pueda soltar, procesar y vaciarse. Sin ese respiro digital, el cuerpo puede descansar, pero el sistema nervioso sigue encendido.
Hagamos del descanso mental lo mismo que se hace en el deporte de alta exigencia: la única manera de recuperar es descansar completamente para recargar fuerzas. Es darle al descanso la prioridad que merece, todo ello por tu propio bienestar.
Cuando das tu cien por cien necesitas ese mismo cien por cien para recuperarte, como el teléfono necesita ser recargado luego de un día agotador.
Al esfuerzo máximo de un músculo que se contrae, le sigue «inevitablemente» el tiempo de relajación, indispensable para recuperar su potencia.
Del mismo modo, las personas requerimos alternar gasto de energía con descanso.
Recuerda, vivimos en tiempos donde se valora el «hacer» incluso cuando sabemos que deberíamos descansar.
Dale a tu descanso la prioridad y la importancia que se merece. Tu propio bienestar te lo agradecerá.
La verdadera potencia en tu vida llega cuando le das a la recuperación el mismo respeto que le das al esfuerzo.
Pregúntate: ¿Cómo está siendo la calidad de mi recuperación?

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