En el momento que deseamos avanzar en nuestras vidas, sea mejorar a nivel deportivo o en otros ámbitos, los cambios duraderos en el tiempo se construyen empezando por dentro. Si el interior está débil los nuevos hábitos, la mentalidad, la disciplina diaria, la forma en que nos hablamos no durará en el tiempo.

Así como un árbol robusto necesita tierra fértil y unas buenas raíces para sostenerse en el tiempo, el individuo que aspira a mejorarse también necesitará desarrollar esas bases internas en las cuales apoyarse cuando enfrente dificultades como una derrota, la pérdida de un campeonato, la crítica, la presión, entre otras. Precisamente, el fortalecer tus habilidades blandas – tu mundo invisible – empiezas a mejorar tu rendimiento gracias a que tomas mejores decisiones, gestionas mejor tus emociones, ya no permaneces atrapado tanto tiempo en emociones negativas y muy importante, te mantienes enfocados cuando otros se dispersan.
En el mundo deportivo de hoy en día – como también en otros sectores competitivos – la diferencia está en entrenar y trabajar el aspecto no visible con la misma seriedad con la que se entrena el cuerpo. Se trata de comprometerse a ejercitar el entrenamiento mental, a desarrollar la inteligencia emocional, a gestionar de manera adecuada el estres y la ansiedad como también elevar el nivel de consciencia en la toma de decisiones, realizar ejercicios de meditación y visualización, entre otros.
«Lo mental pesa cuatro veces más que lo físico». Bobby Knight.
Este tipo de entrenamiento inicia en el deportista un proceso de autoconocimiento que le conduce a la mejora de su rendimiento global y por ende, de su vida personal. Las preguntas profundas y transformadoras, esas que retan y desafían al deportista, es la herramienta en la cual se basa «el viaje interior» de auto-descubrimiento. Preguntas en las que invitan al deportista a seguir funcionando en piloto automático, sino, por el contrario, llevar consciencia y cuestionarse sus propios patrones de pensamiento, emociones, conducta, etc.
Cuando el deportista fortalece su mundo interno, se empieza a sentir más presente en el aquí y ahora, desarrolla una escucha más activa, explora con más profundidad, establece hábitos y define objetivos más alineados con el tipo de deportista y persona que desea ser. Y cuando cambias tu interior, tu exterior también se transforma. La persona se vuelve más consciente de su propia realidad y de esta manera, adquiere mejores herramientas que le permiten llevar su carrera deportiva a otro nivel.
Entrenar el mundo invisible ya no es un complemento en la era moderna, es la base que va a sostener y potenciar la carrera deportiva. Ahí está la diferencia. Y cuánto más se trabajen estas habilidades, más posibilidades se abrirán en la vida personal y la carrera deportiva, y cuánto más se expande el mundo interno de la persona, más crecerá.
¿Que habilidad blanda está limitando tu potencial oculto como deportista y persona?
