Hay un ejercicio muy simple que puede cambiarlo todo: imagina que con tus dos manos trazas una línea imaginaria a la altura de tus ojos. La llamaremos «la línea del miedo», representando cómo funcionamos en la vida (seamos conscientes de ello o no): por encima del miedo o por debajo.
Porque nos guste o no, siempre estamos en uno de los dos lugares: o encima de esa línea o debajo. Como toda emoción, el miedo es una energía emocional que puede actuar como bloqueo o al contrario, puede ser el impulso necesario para llevarnos a actuar como realmente deseamos.

Encima de la línea del miedo:
- estás abierto
- puedes escuchar
- puedes aprender
- dices «no sé» sin sentirte pequeño
- pides perdón si te equivocas sin sentirte menos
- gestionas el ego y aparece la consciencia
- habitas en la valentía y el coraje
- ahí creces
- ahí eres tú de manera auténtica
Debajo de la línea del miedo:
- comanda el ego
- nos hacemos pequeños
- estamos a la defensiva
- culpamos a los demás
- atacamos a los demás
- buscamos tener el control
- buscamos la certeza rígida
- aparece la reacción automática
- aquí no se transforma nada, solo se sobrevive
«Por debajo nos hacemos pequeños, por encima, aprendemos y crecemos.»
Con esto en mente, este es el ejercicio:
Antes de hablar, decidir, reaccionar, responder o entrar en una conversación difícil, vuelve a ti y pregúntate:
¿ESTOY POR ENCIMA O POR DEBAJO DE LA LÍNEA DEL MIEDO?
Si estás por debajo, no pasa nada, no te castigues.
Solo reconócelo, eso ya es un gran paso.
Toma consciencia del momento y de tu estado.
Respira profundo.
Recuérdate «volver arriba de la línea del miedo».
Una vez allí, elige actuar y responder desde la apertura, no desde el miedo.
Porque la vida cambia cuando tú cambias desde dónde decides.
Y ese movimiento (de abajo a arriba) es un acto silencioso pero muy poderoso de coraje emocional.
Antes de decidir, a partir de ahora pregúntate: «¿estoy por debajo o por encima?»

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