No vayas con ellas.
No te amargues, en su lugar enfócate en la mejora.
Detente, respira profundo, tómate un tiempo para reflexionar.

Recuerda volver a tu presencia.
Desde un «estado de presencia», la perspectiva mejora.
Incluso cuando las cosas no salen según lo planeado, al estar presente empiezas a ver «posibilidades».
Recuerda respirar antes de decidir.
Es importante cambiar la perspectiva que se tiene del error:
«¿Qué intenta decirme este momento?»
¿Qué no estoy viendo que necesito aprender o mejorar?
¿Qué nuevas perspectivas o habilidades debo integrar para lograr cambios?
¿Qué puedo hacer con lo que me sucedió? ¿Qué puedo aprender de ello?
¿Me enfrento al mismo «viejo obstáculo una y otra vez»? Si es así, ¿Por qué?
¿Qué puedo hacer diferente la próxima vez para superar ese obstáculo?
Ver los desafíos con nuevos ojos cambia la perspectiva de lo que miramos.
«Cuando cambiamos la forma de mirar las cosas, las cosas que miramos cambian».
Wayne Dyer.
En lugar de ver el error como un freno, podemos mirarlo como lo que necesitamos para mejorar.
Desarrollar la capacidad de verlo como la preparación para algo más grande es un gran cambio.
Sin embargo, sé pro-activo, y no esperes que los desafíos te obliguen a «despertar».
Toma la iniciativa y prepárate: entrena, descansa, aliméntate bien, mejora, estudia, aprende, lee, medita.
El deporte es una escuela en sí misma, educa valores, enseña, te hace mejor persona y por ende, mejor deportista.
Busca la mejora constante para que puedas afrontar retos mayores.
Ahí te espera una versión más elevada de tí.
Madurar es enfrentar nuevos desafíos.
¿Qué antigua versión debes soltar para enfrentar nuevos retos?
Fidalgo Rubén.
