La vida moderna nos dice que hay que ir rápido, que hay que acelerar los tiempos, los procesos, y por si fuera poco, estás a tan solo un click de distancia.
Además, el mundo tecnológico y las redes sociales ocupan cada vez más espacio en la vida de las personas…
Y allí todo sucede de prisa, el contenido es breve, pasa rápido, inmediato…uno tras otro, sin fin.
De esta manera, acostumbramos al cerebro al contenido corto, debilitando el «músculo» de la concentración.
Esto dispersa la atención de la persona, roba su energía, atención, tiempo y foco.
El «multitasking» moderno fragmenta la atención y por tanto, fomenta la superficialidad. En cambio, el foco entrena la profundidad.
Esta realidad, nos lleva inevitablemente, a tener que hacer un ejercicio diametralmente opuesto si anhelamos un estado de bienestar interno, como paz, calma, tranquilidad.
La toma de consciencia sobre este punto es clave. Una vez hay luz, hay esperanza.

Precisamente, este análisis propone un ejercicio inverso a la realidad actual: ir despacio y ser consciente de ello.
La siguiente es una lista para desacelerar el ritmo y ganar en bienestar mental y emocional:
1 – Haz una sola cosa a la vez.
2 – Hazlo despacio y deliberadamente.
3 – Termínalo.
4 – Haz menos.
5 – Deja espacio entre cosas.
6 – Asigna tiempo a tus actividades.
7 – Dedica tiempo a «aburrirte».
8 – Convierte la tarea entre manos en la «más importante del mundo».
9 – Practica estar presente en las cosas triviales.
10 – Yendo despacio, ves más.
Recuerda que la presencia se entrena yendo más despacio.

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