Enojo como espejo.

El enojo como espejo.

Aunque nos cueste admitirlo, el enojo revela más de nosotros mismos y quiénes somos, de lo que podemos llevar a imaginar. No solo es una reacción impulsiva, es un espejo.

Imaginemos por un momento esas situaciones que nos irritan o cuando las cosas no son como las esperamos, hay en muchas ocasiones, una expectativa no cumplida, o una imagen que hemos creado en nuestra mente de como deberían ser las cosas que se derrumba. Por este motivo duele.

El enojo tiñe tu momento, no permitas que pinte tu día.

En su forma más íntima, el enojo expone el tamaño de nuestro ego.

Llegamos a pensar que el mundo debería ajustarse a nuestros planes, ritmos y deseos, llegamos a creer que «el mundo debería ser» como queremos que sea. Y si es de otra forma, aparece el enojo.

El enojo es siempre con uno mismo. En el fondo, mas allá de lo que pase fuera, yo me enojo conmigo mismo.

Reducir todo al ego sería simplificarlo. Hay diferentes tipo de enojos: algunos nacen de heridas, de límites vulnerados, de injusticias reales. Sin embargo, incluso en esos casos, lo que quema apunta hacia dentro: a lo que no pusimos límites, lo que no dijimos, lo que toleramos de más, lo que permitimos sabiendo que no era lo correcto,

El enojo es una conversación interna elevada que se desborda hacia fuera.

La buena noticia es que, no se trata de culparse, sino recuperar poder. Una vez somos conscientes de tales situaciones, el enojo deja de ser un enemigo y se convierte en un mensajero que nos trae información importante. Nos muestra aspectos que debemos mejorar para no seguir atrapados en una ilusión de control.

Escuchar estos mensajes y aprender de ellos es empezar a despertar tu libertad más profunda.

Invita al enojo a empezar a transformarte.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *