Cada desafío que la vida nos presenta, grande o pequeño, es una invitación a crecer. Si una persona está dispuesta a crecer y desarrollarse, aprendemos a mirar los obstáculos que se nos presentan en el camino como una preparación para lo que viene, como enseñanzas que nos vienen a decir algo, los verdaderos maestros de la vida. De a poco, empiezas a descubrir que en cada caída, derrota o lección aprendes algo nuevo y te transformas: desarrollas habilidades, amplías tu perspectiva, te inspiras en personas que admiras.

Cuando le asignas significado a los desafíos, deseados o inesperados, cambias la forma en que los enfrentas: vas con más humildad, con actitud pro-activa, de apertura, de que queda mucho por aprender y empiezas a mirar hacia dentro. Y te das cuenta, que es ahí en tu interior, donde empiezas a encontrar respuestas auténticas.
Cuando los patrones se repiten una y otra vez, es ahí cuando aparece el estancamiento: mismos pensamientos, mismas emociones, mismas decisiones. Hacer una toma de consciencia sobre nuestros patrones es el inicio para, de manera progresiva empezar a romper esos ciclos. Ahí, empiezas un proceso de autoconocimiento profundo que, aunque a veces doloroso, trae consigo luz, tomando mejores decisiones, más alineadas con la dirección que deseamos.
«Cuando no podemos cambiar una situación, nos vemos obligados a cambiarnos a nosotros mismos».
Viktor Frankl.
Siempre que estés dando pasos hacia expandir tus límites y entrando en lo desconocido, en ese momento es cuando ocurre el verdadero progreso. El crecimiento está en la acción, no en saber más sino en hacer. En el hacer es cuando «experimentas» lo que se siente abrirte a nuevas decisiones, capacidades, perspectivas, es decir, desarrollar una mentalidad más fuerte. En ocasiones, nos encontramos con problemas recurrentes y otras veces nos enfrentamos a desafíos completamente nuevos, independientemente de la naturaleza del obstáculo, lo que sí es crucial es la ACTITUD con la que enfrentamos esa situación. Y la ACTITUD también se entrena.
¿Soy consciente que mi rendimiento externo es un reflejo de mi entrenamiento interno?
¿Estoy entrenando hoy mis habilidades blandas para ganar?
¿Si mi cuerpo ejecuta, por qué descuido la parte que gobierna todo?
Sin cimientos «invisibles» fuertes, el éxito deportivo no se sostiene.
