La excelencia es un hábito.

La excelencia es un hábito: seis letras para recordarlo.

La excelencia es un hábito. Así resumió Will Durant el pensamiento de Aristóteles: «Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito». Fíjate en el matiz: habla de excelencia, no de ser excelentes. Es un camino, no una meta que se alcanza.

Todos tenemos hábitos. Algunos son conscientes: los elegimos, los practicamos y los cultivamos porque sabemos que nos ayudan a crecer. Otros, en cambio, actúan de forma silenciosa y automática, influyendo en nuestras decisiones, emociones y resultados sin que apenas reparemos en ellos.

Lo importante es tomar consciencia de aquellos que hemos adquirido sin darnos cuenta y que dirigen nuestra vida. Porque aquello que repetimos cada día, con intención o por inercia, termina moldeando quiénes somos.

El deporte, símbolo de que la excelencia es un hábito.

Entonces, te haces consciente de que la mejora no surge de un momento extraordinario, sino de las pequeñas decisiones que repetimos cada día. Tus hábitos moldean tu carácter, tus resultados y, en definitiva, la persona que llegas a ser.

H: Humildad: reconocer que siempre hay algo por mejorar.

A: Acción: sin repetición no hay hábito, solo deseo.

B: Balance: ni todo ni nada, dura lo sostenible.

I: Intención: saber para qué haces lo que haces.

T: Tiempo: los hábitos se forman sumando días, no horas.

O: Observar: mirar, sin juicio, lo que ya haces.

Los hábitos primero empiezan siendo decisiones tuyas y terminan siendo quién eres.

Cuida tus hábitos, ellos moldean tu destino.

¿Qué hábitos te están construyendo sin que te des cuenta?


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