¿Quién eres cuando no te quejas??

¿Quién eres cuando no te quejas?

Una pregunta simple en apariencia, sin embargo, tiene el poder de desarmar la identidad de una persona si se hace el ejercicio de manera consciente. Muchas veces, nos quejamos tanto, que la queja pasa a ser parte de nuestra identidad.

Pregúntate pues: ¿quién sería yo sin ese relato de «carencia»? La próxima vez que aparezca la queja, en su lugar, habla de otra cosa, no de ese problema, no de esa queja.

¿Quién eres cuando no te quejas??
La queja no cambia nada por fuera, pero sí te afecta por dentro. Para, reflexiona y elige distinto.

Cuando la queja pasa a ser parte de nuestra manera de ser, ni siquiera nos damos cuenta de se ha convertido en parte de nuestra narrativa y eso termina siendo un personaje que interpretamos sin cuestionarlo.

Reflexiona, ¿donde pongo el foco cuando me quejo?; ahí puede aparecer «en lo que falta, lo que está mal, lo que no es como te gustaría». Y en ese momento, ese relato se convierte en una especie de «hogar emocional», desagradable pero conocido.

Si paras por un momento antes de quejarte, aparece un espacio más allá de la queja: un territorio silencioso donde aparece tu verdadera voz.

Si, por ejemplo, en lugar de la carencia, te enfocas en tu abundancia (porque sí, seguro tienes muchas razones para estar agradecido), ahí emerge otra versión tuya, una versión más elevada, más consciente, una que se identifica con quién eres realmente (no un ser tomado por una emoción; recuerda, la queja es una especie de secuestro emocional).

Si haces ese espacio de silencio (en lugar de enfocarte en la queja), seguro aparece tu parte más creativa, que incluso te puede ayudar a encontrar soluciones a ese problema o dificultad que estás teniendo.

La queja te ata al pasado. La presencia te abre al futuro.

Cuando decides cambiar tu foco de atención y energía (donde puedes dar gracias, crear algo o simplemente pensar en soluciones), te estás enfocando en lo que está en tus manos, lo que puedes controlar y vuelves a tu eje interior.

En ese momento, dejas de reaccionar y empiezas a elegir.

¿Te atreves a descubrir quién eres sin tu queja?

Ese es un buen punto de partida.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *