Archivos: Historias
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Lo malo es bueno.
Cuando el error aparece lo acompaña una emoción y lo primero que pensamos es que es algo malo. Si desarrollamos la capacidad de mirar más en profundidad, veremos que seguro eso esconde algo bueno.
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Calma.
La calma es el estado ideal que nos conduce al bienestar general y más aún en el deporte dónde la presión, la ansiedad y la toma de decisiones son decisivas. Ahí la calma se vuelve un súper poder.
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Ser Deportivo.
El Coaching Deportivo es un proceso de autoconocimiento en el que emerge el SER más allá del hacer o el tener. Es un viaje hacia uno mismo, redescubriendo el verdadero potencial (antes oculto).
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Mejora continua.
Pensamos la excelencia como ese ideal muy lejos, tan lejos que dejamos de intentarlo. Cambiar este enfoque es vital para verlo de manera distinta, como algo progresivo en lugar de un reto imposilbe.
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Vive ahora.
En un mundo donde vamos tan acelerados, como viviendo en el futuro, es bueno recordarnos de volver al aquí y al ahora, de vivir antes de envejecer, de no renunciar antes de tiempo. Vive ahora.
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Alejarse del «ruido».
En el deporte de élite, la exposición mediática es constante. En momentos de tanto «ruido» mediático, es fundamental tomar distancia un poco de ese ruido para ganar perspectiva y pensar claro.
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Ser Competitivo.
Aprender a gestionar las emociones cuando vas por debajo en el marcador es muy importante, más aún, en las peores circunstancias. En ese momento, emerge el verdadero carácter del deportista.
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Aprender a sufrir.
Generalmente relacionamos el sufrimiento con la derrota en el deporte, aunque, muchas veces incluso cuando vas ganando toca sufrir y mucho. Aprender a sufrir en la victoria también es muy importante.
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«Lo que evitas, te habita»
Tanto en el deporte, como en la vida, tendemos a evitar situaciones dolorosas por el dolor que nos pueden causar y eso, no hace más que perpetuar el dolor o sufrimiento, y por eso, nos sigue habitando
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Desafiarnos para expandir.
Desafiarnos cada día un poco es una manera progresiva de expandir nuestros límites de los que creemos que somos capaces. Para eso hemos venido, no para estar cómodos pensando más que actuando.
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Fallar.
Si al error le damos un enfoque adecuado, nos aporta mucha información útil para aprender, volvernos mejores en el proceso y seguir intentando en lugar de dejar que nos frene.